España progresa a buen ritmo en la digitalización de la Administración pública y en el uso de servicios digitales por parte de los ciudadanos. Sin embargo, este avance no se traslada con la misma intensidad al tejido empresarial, especialmente a las pequeñas y medianas empresas.
Las pymes continúan mostrando retraso en la adopción de tecnologías clave en un contexto en el que acelerar la transformación digital resulta decisivo para ganar competitividad, mejorar la rentabilidad y facilitar el acceso a financiación. “La digitalización ya no es un proyecto a largo plazo ni una cuestión meramente tecnológica; es una palanca inmediata de productividad”, señalan expertos de Quantax.
Los datos europeos refuerzan esta brecha. Solo el 27,2 % de las empresas españolas utiliza servicios en la nube, frente al 38,9 % de media en la Unión Europea. Para Álvaro Pascual, CEO y cofundador de Quantax, “en la práctica, esto significa que muchas pymes compiten en clara desventaja frente a organizaciones más ágiles, resilientes y preparadas para escalar”.
El impacto de esta falta de digitalización es especialmente visible en áreas clave como ventas y tesorería. La sustitución de procesos manuales por entornos digitales integrados permite convertir presupuestos en pedidos con mayor rapidez, mejorar el seguimiento de facturas y agilizar los cobros. Además de optimizar la experiencia del cliente, estas soluciones preparan a las empresas para el nuevo marco normativo de la facturación electrónica entre empresas.
Para impulsar este cambio, iniciativas públicas como Kit Digital y Kit Consulting han movilizado cientos de millones de euros destinados a fomentar la digitalización, la analítica de datos, la ciberseguridad y la inteligencia artificial. Aun así, la Comisión Europea ha identificado que el principal reto de España en la Década Digital 2030 se concentra en el ámbito empresarial, especialmente en las pymes.
Las compañías que continúan trabajando con hojas de cálculo dispersas y documentos PDF no estructurados ven cómo sus datos pierden valor ante inversores y socios estratégicos. En contraste, aquellas que transforman su información en datos fiables y en tiempo real están mejor posicionadas para tomar decisiones estratégicas, anticipar riesgos y optimizar su flujo de caja.
La modernización tecnológica también responde a una demanda interna. Los equipos reclaman herramientas que reduzcan tareas manuales y les permitan centrarse en actividades de mayor valor añadido. Implantar soluciones digitales no solo mejora la eficiencia operativa, sino que también contribuye a atraer y retener talento en un mercado laboral cada vez más competitivo.
La ciberseguridad se consolida, además, como un elemento crítico para la continuidad del negocio. Copias de seguridad automáticas, control de accesos, autenticación multifactor y planes de recuperación ante incidentes se han convertido en un auténtico seguro operativo para las empresas.
Las pymes que apuestan por la transformación digital adoptan una cultura de mejora continua basada en la medición, la corrección y el escalado de procesos. Por el contrario, aquellas que no lo hacen suelen reaccionar únicamente ante situaciones de urgencia, poniendo en riesgo su sostenibilidad financiera. “La digitalización devuelve tiempo desde el primer mes, puede abordarse de forma gradual y está alineada con un cliente que ya es plenamente digital. En un mercado que avanza a gran velocidad, la verdadera decisión no es si digitalizarse, sino cuándo. Y todo indica que el mejor momento para empezar es hoy”, concluye Pascual.







