Los sistemas de almacenamiento conectado en red (NAS) se han consolidado como una solución clave tanto para hogares como para pequeñas y medianas empresas que buscan centralizar y proteger sus datos. Más allá de la capacidad de almacenamiento, factores como fiabilidad, facilidad de uso y, cada vez más, consumo energético, influyen de forma decisiva en la elección de un modelo u otro.

En un contexto de precios eléctricos altos, surge una pregunta relevante: ¿realmente compensa optar por un NAS más potente si solo se necesitan funciones básicas? Para responderla, el Laboratorio de Innovación HDD de Toshiba, ubicado en Düsseldorf (Alemania), ha elaborado un Informe de Laboratorio que analiza el consumo energético real de dos sistemas NAS de dos bahías muy populares: el QNAP TS-233, de gama de entrada, y el QNAP TS-264, un modelo avanzado pensado para usuarios y pymes exigentes.
Dos NAS, mismo objetivo y filosofías distintas
Ambos dispositivos permiten instalar dos discos duros y configurarlos en RAID 1, opción habitual para proteger los datos frente al fallo de una unidad. Sin embargo, sus especificaciones y planteamiento son diferentes.
El QNAP TS-233 está diseñado para tareas esenciales como copias de seguridad, almacenamiento compartido y acceso remoto a archivos. Incorpora un procesador ARM Cortex-A55, 2GB de memoria RAM y una única conexión de red Gigabit Ethernet, suficiente para funciones NAS básicas. Esta simplicidad se traduce en un consumo energético muy reducido: aproximadamente 10,8W en funcionamiento y 3,4W en espera.
Por su parte, el QNAP TS-264 apuesta por un hardware mucho más potente: procesador Intel Celeron, 8GB de RAM ampliables, doble puerto 2,5GbE, ranuras SSD NVMe y opciones de expansión PCIe. Estas prestaciones permiten ejecutar aplicaciones avanzadas como virtualización, streaming multimedia o videovigilancia, pero implican mayor consumo eléctrico, incluso cuando el sistema está en reposo: QNAP estima 29W bajo carga y 18W en modo espera.
Para garantizar la comparación objetiva, ambos NAS se probaron, en condiciones controladas, utilizando los mismos discos duros de 8TB de la serie N300 (disponible con capacidades de hasta 22TB) y conectados a un switch de 1GbE.
Las mediciones de consumo se realizaron en tres estados: apagado, inactivo y bajo carga completa de lectura/escritura. Los resultados muestran diferencias claras entre ambos NAS, especialmente en el consumo en reposo, clave en dispositivos que suelen funcionar 24/7.
El impacto en la factura eléctrica
Partiendo de un uso típico —con el NAS activo aproximadamente un 20% del tiempo— y un precio medio de la electricidad de 0,35 €/kWh, el informe estima el coste energético anual de ambos sistemas. El NAS de gama de entrada consume alrededor de 75 kWh al año, lo que se traduce en unos 26€ anuales. En cambio, el modelo avanzado supera los 240 kWh, elevando el coste hasta unos 86€ al año.
Según el Informe, si se considera una vida útil de cinco años -habitual en este tipo de dispositivos-, el ahorro acumulado en costes energéticos del modelo de gama de entrada puede rondar los 300€ frente al NAS avanzado, siempre que ambos se usen en las mismas condiciones de red y carga de trabajo.
Elegir el NAS adecuado según el uso real
La conclusión es clara: no siempre más potencia significa mejor elección. Para usuarios domésticos, profesionales y pymes que solo necesitan almacenamiento fiable y conectividad Gigabit, un NAS de gama de entrada como el QNAP TS-233 ofrece un equilibrio óptimo entre prestaciones y eficiencia energética.
Un modelo avanzado, como el QNAP TS-264, sigue siendo una excelente opción cuando se requieren aplicaciones adicionales, mayor ancho de banda de red o capacidades de expansión. Sin embargo, estas ventajas tienen un coste energético que conviene valorar.
En última instancia, la elección de un NAS debe basarse en las necesidades reales de uso, no solo en las funciones disponibles. Y, como demuestra el Informe, la eficiencia energética puede marcar una diferencia económica significativa a medio y largo plazo.







