La inteligencia artificial está cambiando el escenario de la ciberseguridad y lo hace en ambos sentidos. Mientras los ciberdelincuentes empiezan a utilizar agentes capaces de automatizar ataques, las empresas también recurren a la IA para identificar vulnerabilidades y reforzar sus sistemas. El último Monthly Threat Report de Hornetsecurity by Proofpoint advierte de que esta evolución puede aumentar la presión sobre las organizaciones, especialmente a la hora de mantener sus sistemas actualizados.
Uno de los casos que destaca el informe es JadePuffer, que Hornetsecurity identifica como el primer caso documentado de un ataque de ransomware ejecutado de principio a fin por un agente de IA autónomo, sin intervención humana. Según la compañía, este tipo de ataques podría hacerse más habitual y dirigirse especialmente contra aplicaciones y herramientas de IA expuestas a Internet, así como contra interfaces administrativas de bases de datos accesibles desde el exterior. Para las pymes, el riesgo está relacionado en buena medida con la exposición de sus sistemas. Aplicaciones, servicios y dispositivos accesibles desde Internet pueden convertirse en objetivos de ataques automatizados capaces de rastrear un gran número de sistemas en poco tiempo. Mantener estos recursos actualizados y correctamente configurados adquiere así una importancia todavía mayor.
Pero la IA también está aumentando la capacidad de las empresas para detectar fallos de seguridad. El informe señala que el uso de esta tecnología para identificar vulnerabilidades puede provocar un incremento del número de problemas que deben corregirse. El reto será entonces conseguir que la capacidad de parcheado crezca al mismo ritmo que la detección. Para una pyme, esto significa que ya no basta con aplicar actualizaciones de forma ocasional. Contar con un inventario de equipos y aplicaciones, conocer qué sistemas están expuestos y establecer un proceso para priorizar y aplicar los parches más importantes puede marcar la diferencia ante una vulnerabilidad.
El informe también alerta de la evolución de las campañas de suplantación de marcas. Los atacantes están ampliando sus objetivos y, además de intentar conseguir contraseñas, buscan obtener códigos de autenticación multifactor (MFA) y documentos de identidad que les permitan hacerse con el control de las cuentas. Este tipo de ataques puede afectar a cualquier servicio que utilice mecanismos de verificación, desde redes sociales hasta plataformas financieras y de comercio electrónico. Para las empresas, la autenticación multifactor sigue siendo una medida de protección importante, pero debe complementarse con formación de los empleados y mecanismos capaces de detectar accesos o comportamientos anómalos.







