Abrir un nuevo establecimiento en una ubicación equivocada, lanzar una campaña comercial en una zona con escasa demanda o expandirse hacia un mercado saturado son decisiones que pueden comprometer la rentabilidad de una empresa. En un contexto marcado por la volatilidad, la presión sobre los márgenes y la rápida evolución de los mercados, las organizaciones afrontan el reto de tomar decisiones de inversión cada vez más precisas, aunque transformar el gran volumen de datos disponible en conocimiento útil continúa siendo una asignatura pendiente.
La calidad y el uso estratégico de la información se han convertido en factores determinantes para la competitividad empresarial. Según Gartner, la mala calidad de los datos supone un coste medio de 12,9 millones de dólares anuales para las organizaciones, una cifra que refleja el impacto económico de no disponer de información fiable para orientar la toma de decisiones. En España, además, todavía existe margen de mejora en la incorporación del análisis avanzado de datos: según la Encuesta sobre el uso de TIC y del comercio electrónico en las empresas del INE de 2024, el 41,4 % de las compañías de diez o más empleados realiza analítica de datos con personal propio.
En este escenario, el territorio se ha convertido en una variable estratégica para las empresas. Más allá de los indicadores financieros o las previsiones económicas, factores como la evolución demográfica, la movilidad de la población, el poder adquisitivo, la concentración empresarial, el comportamiento del consumidor, la competencia o el atractivo turístico de una zona pueden determinar el éxito o fracaso de una inversión. Ignorar estas variables puede traducirse en redes comerciales sobredimensionadas, inversiones poco rentables o estrategias de expansión alejadas de la realidad del mercado.
“La ubicación siempre ha sido importante. Lo que ha cambiado es la cantidad de información que hoy podemos utilizar para entenderla”, explica Silvia Banchini, cofundadora y directora comercial de inAtlas. “Las empresas ya no necesitan únicamente saber dónde están sus clientes; necesitan comprender cómo evoluciona un territorio y qué oportunidades o riesgos presenta antes de invertir”.
Ante esta necesidad, la Inteligencia Comercial territorial está ganando protagonismo como herramienta para reducir la incertidumbre y mejorar la planificación empresarial. La integración de datos sobre demografía, tejido empresarial, movilidad, actividad económica, turismo, competencia o hábitos de consumo permite construir una visión más completa de cada mercado, identificar oportunidades y anticipar cambios antes de abrir un nuevo punto de venta, redefinir una red comercial o impulsar un proyecto de expansión.
Con esta filosofía trabaja inAtlas, compañía especializada en Inteligencia Comercial basada en Big Data, Inteligencia Artificial y análisis geoespacial. Su plataforma integra miles de millones de datos públicos y privados para ofrecer una visión detallada de la realidad económica y social de cada territorio. “La incertidumbre seguirá formando parte del entorno empresarial. La diferencia estará en la capacidad de las organizaciones para interpretar el territorio antes de actuar. Hoy, decidir dónde invertir es tan importante como decidir cuánto invertir”, concluye Banchini.







