El tejido empresarial español presenta importantes carencias en su preparación ante escenarios de crisis económica. Según el último Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, impulsado por Crédito y Caución e Iberinform, únicamente el 10 % de las empresas dispone de planes de contingencia para mitigar los efectos de un empeoramiento repentino del entorno económico, como una recesión, una crisis financiera, sanitaria o energética.
El informe, basado en la opinión de cerca de 600 gestores empresariales, revela además que el 9 % de las compañías carece por completo de cualquier tipo de estrategia para hacer frente a cambios imprevistos en el contexto económico y comercial. Este dato pone de manifiesto un nivel significativo de vulnerabilidad en la gestión del riesgo corporativo en España.
En contraste, el 40 % de las empresas declara contar con medidas básicas de respuesta, mientras que el 32 % dispone únicamente de acciones puntuales que les permiten reaccionar de forma limitada ante alteraciones del ciclo económico.
El estudio señala que persisten importantes déficits en la implantación de políticas estructuradas de gestión del riesgo, especialmente en lo relativo a la preparación ante distorsiones repentinas e imprevisibles del entorno económico.
Asimismo, el análisis incorpora otros factores de presión para el tejido productivo. Entre ellos destaca la creciente incertidumbre del entorno geopolítico, señalada por el 47 % de las empresas como el principal reto actual. En este contexto, se mencionan conflictos emergentes como el del estrecho de Ormuz, que incrementan la volatilidad en los mercados internacionales.
En relación con el riesgo de crédito, el 22 % de las compañías afirma haber detectado cambios en el perfil de clientes con morosidad. De estas, el 6 % identifica que dichos clientes pertenecen a sectores dependientes de la exportación o importación, mientras que el 5 % los vincula a actividades especialmente afectadas por la incertidumbre geopolítica.
El estudio refleja así un entorno empresarial marcado por la incertidumbre y la necesidad de reforzar las estrategias de gestión del riesgo ante un contexto económico y geopolítico cada vez más complejo.






