El mercado laboral español atraviesa una fase de menor dinamismo que va más allá de la estacionalidad. Así lo destaca CEPYME, que recuerda que los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), reflejan una caída de 170.300 ocupados en el primer trimestre de 2026, hasta un total de 22,29 millones. Se trata del mayor descenso en este periodo desde 2014 si se excluye el impacto excepcional de la pandemia.
Más relevante que la cifra puntual es la tendencia que dibuja. El crecimiento interanual del empleo se ha moderado hasta el 2,42 %, su nivel más bajo desde finales de 2024. Tal y como destaca CEPYME, este enfriamiento coincide con un entorno internacional incierto, marcado por el aumento de costes y las tensiones en los suministros, factores que están condicionando la actividad empresarial.
El paro también repunta y sitúa la tasa en el 10,83 %, con 2,7 millones de desempleados. España continúa así lejos de los niveles de la Unión Europea, donde la tasa se mantiene en el 5,9 %, lo que evidencia la persistencia de problemas estructurales en el mercado de trabajo.
Uno de los focos de preocupación se encuentra en el tejido empresarial más básico. CEPYME advierte de una caída del 3,9 % interanual en el número de empresarios sin asalariados, que se sitúa en 2,16 millones. Este colectivo constituye el primer escalón del emprendimiento y resulta clave para la actividad económica en numerosos territorios.
El retroceso apunta a un entorno cada vez más exigente para los pequeños negocios. El aumento de los costes, la presión regulatoria y las dificultades administrativas están reduciendo la viabilidad de muchas actividades y frenando la creación de nuevas iniciativas empresariales.
A este escenario se suma el envejecimiento del tejido productivo. Más de la mitad de los empleadores tiene 50 o más años y cerca de uno de cada cinco supera los 60. La falta de relevo generacional empieza a traducirse en la desaparición de empresas, especialmente en el ámbito familiar, donde las dificultades para mantener la actividad desincentivan la continuidad.
Aunque en menor medida, esta tendencia también afecta al empleo asalariado. Cerca de un tercio de los trabajadores del sector privado supera los 50 años, lo que anticipa tensiones futuras en determinados sectores y oficios.
Junto a estos factores emerge otro desequilibrio persistente. El aumento del paro convive con dificultades de las empresas para cubrir vacantes. Según Ángela de Miguel, presidenta de CEPYME, estos datos son alarmantes en un contexto de creciente incertidumbre, amenaza de nuevos incrementos de costes y elevada inflación. Además, considera “preocupante el incremento del paro y el descenso de la ocupación, mientras se mantienen las dificultades de las empresas, especialmente de las pymes, para encontrar mano de obra que cubra sus necesidades y persiste el aumento del absentismo, uno de los principales problemas del mercado laboral actual”.






