Las fuentes de financiación de una empresa deben estudiarse en función de diversos criterios. No basta con acudir al banco y pedir dinero. Hay muchos elementos que deberán tenerse en cuenta, primero, para acudir a la fuente de recursos más rentable y, segundo, para determinar, cuánto dinero necesitamos. En función de la etapa en la que se encuentre la compañía, y con independencia de los instrumentos de financiación que se puedan utilizar en el día a día para “costear” las actividades ordinarias de la empresa —pólizas de crédito, descuentos comerciales, préstamos, leasing, renting, confirming, factoring, etc.—, las organizaciones pueden solventar sus necesidades financieras acudiendo a lo que los anglosajones denominan famlily&friends&fools, o lo que es lo mismo, familia, amigos y otras fuentes de financiación como pueden ser las empresas de capital riesgo o los business angels, por citar algunos de los ejemplos más conocidos.

Detectar las posibles vías de financiación es estratégico para las empresas ya que la falta de recursos y de apoyo financiero por parte de las entidades bancarias, que suelen dar más importancia a las garantías y a los avales que a la viabilidad del proyecto en sí, sigue limitando, en gran medida, la llegada de dinero a las empresas.
De hecho, el estrangulamiento financiero que se ha vivido en los últimos años, se ha convertido en una de las mayores preocupaciones en el entorno empresarial. Las dificultades de financiación que hemos sufrido todos han provocado la búsqueda de soluciones alternativas orientadas a mejorar la liquidez de las empresas. De todas ellas, podríamos citar a modo de ejemplo, las siguientes:
• Mejorar la gestión de los clientes, minimizando los riesgos y garantizando el cobro. Esto mejoraría la liquidez de la empresa.
• Buscar nuevas alternativas de financiación, más allá de las entidades bancarias. Hablamos de fondos de capital riesgo, por ejemplo, de la inversión de particulares o de otros grupos empresariales, de la ampliación del capital social por parte del socio mayoritario, etc.
• Utilizar herramientas de gestión que permitan controlar y optimizar la liquidez para “administrar” mejor nuestra relación con las entidades financieras.
Buscando el origen de los fondos
En todo caso y, aunque nos centraremos en explicar o rentabilizar, mejor dicho, la financiación que aportan las entidades financieras, sí será interesante mencionar algunas cuestiones que ayudan a contextualizar la naturaleza de los recursos financieros. Por limitarnos a una clasificación sencilla, podríamos hablar, por un lado, según el origen de los fondos, de financiación interna y financiación externa y, por otro lado, según la titularidad, de fuentes de financiación propias y fuentes de financiación ajenas.
La financiación interna es la que genera la propia empresa, por ejemplo, a través de los beneficios obtenidos y no repartidos entre los socios. Las ventajas que reporta son numerosas: es barata, proporciona independencia y desahogo en la tesorería, no establece plazos para la devolución, ni precisa avales ni garantías y favorece una estructura sólida del balance. Pero estos son recursos limitados y no se deducen fiscalmente. La financiación externa, por su parte, no la genera la propia empresa, sino que se obtiene a partir del desembolso de terceros, ya sea con aportaciones de los socios, a través de créditos, etc.
A su vez, esta financiación externa, en función de la titularidad de los fondos, se puede clasificar en fuentes de financiación propias, fondos que pertenecen a la empresa y no son exigibles por terceros. Se confieren a largo plazo y entre ellas podríamos destacar el capital social, el capital riesgo, los préstamos participativos, las aportaciones de business angels o las subvenciones de capital, entre otras. Y las fuentes de financiación ajenas, que son las que se obtienen del entorno financiero de la empresa y se caracterizan por tener un coste definido —intereses—, deducible de los impuestos, y por tener pagos contractuales, plazos de amortización y prioridad en caso de insolvencia.
Por otra parte, en función del tiempo que permanezcan en la empresa, se puede hablar de financiación no corriente o exigible a largo plazo —préstamos y créditos a largo plazo o leasing,…— y financiación corriente o exigible a corto plazo —créditos bancarios a corto, descuentos comerciales, renting, factoring, confirming, forfaiting,…—.
En todo caso, como en la mayoría de las veces, la financiación a través de recursos propios resulta insuficiente, es necesario buscar fuera lo que no se encuentra dentro. Es decir, buscar recursos financieros externos como emisiones de capital y de deuda, créditos a corto, medio y largo plazo en el mercado crediticio, etc.
Un paréntesis para hablar del confirming
Al hablar sobre la financiación corriente y  mencionar como referencia el confirming, me viene a la cabeza un hecho que creo que deberíamos tener en cuenta. El confirming permite a las empresas solventar, aunque sea momentáneamente, sus ahogos financieros. Se trata de un método efectivo, en el que el contratante del servicio cede la gestión de sus pagos a proveedores, a una o a varias entidades financieras. A cambio, sus proveedores reciben una garantía de cobro adicional. Y además, si lo necesitan, pueden solicitar un adelanto del importe de sus facturas a la entidad correspondiente.
La mayoría de los programas informáticos de gestión empresarial incorporan funciones para facilitar y automatizar su control. Estas capacidades permiten visualizar de manera automática todos los pagos que pueden efectuarse mediante confirming para que el responsable financiero pueda filtrar y seleccionar, fácilmente, las operaciones que realmente quiera tramitar. El programa genera, también de manera automática, un fichero con la información de los pagos, su importe y proveedor, para su envío a la entidad financiera correspondiente.
Peticiones de crédito bancario que se analizan con lupa
A pesar de que los principales indicadores del mercado apuntan un crecimiento moderado en la economía global y por tanto, el principio del fin de la restricción crediticia impuesta por los bancos, la financiación a través de los mismos, sigue siendo, a día de hoy, uno de los grandes problemas a los que se tienen que enfrentar las empresas. El endurecimiento de las condiciones de acceso a los préstamos y las peticiones de los mismos, se analizan con lupa, atendiendo sobre todo a factores de riesgo y rentabilidad.
Para conceder un crédito, los bancos necesitan un plan de viabilidad convincente, mientras que en el plano económico-financiero es obligatorio, como mínimo, presentar las previsiones de tesorería, el balance y la cuenta de resultados. Por lo tanto, ahora, más que nunca, son necesarias las previsiones de cobro y pago, teniendo en cuenta para ello, el análisis, la clasificación y la selección por deudores/acreedores, bancos, vencimientos, etc. Realizar simulaciones sobre los préstamos que ofrecen las diferentes entidades a las que se recurre y analizar después, si las condiciones propuestas, son interesantes o no, resulta igualmente estratégico para alcanzar el éxito.
Para los bancos el balance, o lo que es lo mismo, el estado contable que refleja la situación patrimonial de una empresa en un momento concreto, sigue siendo el “Sancta Sanctorum” a la hora de “abrir el grifo”. Porque entienden que es una herramienta que aporta información sobre qué y cuánto tiene la empresa y sobre cuánto y a quién se debe dinero. Resumiendo: el balance es el reflejo de los recursos financieros de la empresa. Activo y pasivo deberían ayudar a determinar sus necesidades financieras.
Sin embargo, el balance, sin la información que se manejan en los procesos de contabilidad presupuestaria o analítica, arroja una visión sesgada de la compañía y eso, multiplica las dificultades a las que se enfrentan las empresas a la hora de “pedir dinero” a los bancos.

Perfe Gil
Consultor Senior de Datisa

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