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Si hay un factor determinante en nuestras vidas, que influye directamente en nuestras acciones, decisiones o pensamientos, es el tiempo. Vivimos constantemente pegados al reloj. Nuestra sociedad se ha acostumbrado desde una corta edad a estar continuamente viviendo en la impaciencia y quererlo todo para ya.

El ámbito laboral no escapa a esta tendencia, de hecho, es una de sus principales víctimas. Si nos paramos a observar los comportamientos en las organizaciones, podemos ver cómo, hoy en día, la cultura de la urgencia y el cortoplacismo se encuentra muy arraigada en la búsqueda desesperada de la productividad. Queremos las cosas para ya, pero no pensamos que esto puede tener una repercusión en la productividad de los empleados que deben, además, gestionar varias tareas a la vez sin poder centrarse al 100 % en ninguna.

Al ser algo que se encuentra arraigado en la cultura empresarial, es necesario que desde los directivos y managers surja un comportamiento que lidere y tome la iniciativa para llevar a cabo un cambio, ya que es algo que requiere de constancia, formación y dedicación continua.

Es fundamental no querer abarcarlo todo y aprender a priorizar. Centrarnos en actividades que tienen poco valor o que carecen de importancia, hace que el tiempo se vea damnificado: dejamos de lado las cosas más importantes y nos vemos sobrepasados al intentar alcanzar los plazos fijados. Esto se traduce en un bajo rendimiento laboral y un aumento del estrés o la frustración, lo que incrementa los niveles de infelicidad laboral.

Un error muy común, en el que solemos caer reiteradamente, es realizar nuestra planificación utilizando el 100 % de nuestro tiempo, sin tener en cuenta los posibles imprevistos que, queramos o no, siempre están ahí, por lo que es aconsejable tenerlos en cuenta dentro de nuestro planning diario y manejarlos con realismo

Es de vital importancia conocer hasta dónde llega nuestra capacidad de trabajo y aprender a decir no a jefes, compañeros o clientes. No debemos ver esto como algo negativo, todo lo contrario, ya que es una forma de empezar a educar a nuestro entorno que empezará a respetar y valorar nuestros límites.

Conseguir una correcta gestión del tiempo implica esfuerzo, tanto por parte de los líderes como de los propios trabajadores, pero no es algo imposible. La clave está en saber planificarse y priorizar, diferenciando lo importante, es decir lo que nos acerca a nuestros objetivos rápidamente, de lo urgente. Y por otra parte definir unos objetivos claros y específicos, tanto mensuales como a largo plazo, y evitar la multitarea debido sobre todo al email. Se trata en definitiva de convertir la habilidad de manejar el tiempo en un hábito que nos ayudará a aumentar nuestros niveles de productividad y eficacia.

 Ángel Martínez

Socio director de Execoach.

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