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La mejor definición que he leído sobre qué es la ciencia, es aquella que dice que la ciencia es esa actividad humana que nos lleva a ver la realidad más allá de lo que perciben nuestros sentidos.

¿Por qué más allá de los sentidos? Tan sencillo como que si miras al cielo, el sol se está moviendo, es lo que percibimos por nuestros ojos, es lo que percibimos por nuestro sentido del equilibro: nosotros no nos movemos. Más allá de esta percepción, la ciencia demuestra que realmente es la tierra la que gira alrededor del sol, esa es la realidad, nos guste o no.

Las cirugías que no funcionan

No es un caso aislado. Leonard Cobb, en 1955, se empeñó en demostrar que con una cirugía del pecho pasaba algo similar. Sintió la necesidad de comprobar si una operación muy popular, durante los 20 años anteriores, era realmente efectiva. La operación tenía como objetivo un constreñimiento de la arteria mamaria en el pecho, que causaba a los pacientes un fuerte dolor en el mismo. Cobb y sus colegas decidieron utilizar el método científico para comprobar si la intervención quirúrgica era efectiva o no.

Informaron a sus pacientes y los dividieron en dos grupos. Al primero de ellos le realizaron la operación completa y al segundo le hicieron una incisión similar y lo retuvieron en el quirófano el mismo tiempo, pero no le hicieron nada más.

Los resultados fueron asombrosos. Ambos grupos sintieron una mejora que les duró alrededor de tres meses. Los electrocardiogramas realizados demostraron que no había diferencia en ambos grupos. La operación no hacía absolutamente nada.

No es un caso aislado

Moseley en 1993 quiso probar la eficacia de una cirugía artroscópica para curar un problema en la rodilla. Para ello dividió a los participantes del estudio en 3 grupos. Al primero le realizaron la operación completa: incisiones, inserción artroscópica, extracción del cartílago, etc. Al segundo grupo no le extrajeron el cartílago y le limpiaron la afección con suero. Al tercero le hicieron unas incisiones similares y tardaron un tiempo idéntico, pero no les hicieron nada más.

Los tres grupos fueron controlados durante los dos años posteriores. El grupo del placebo notó las mismas mejorías y del mismo orden de magnitud que los participantes de los otros dos grupos, luego nada había cambiado.

Ciencia versus fe

¿Cómo aplica en los costes de desarrollo de software de una empresa la ciencia versus la fe? Muy sencillo dejando la fe de un lado y abrazando la ciencia, el método científico, la demostración con hechos, en tres aspectos fundamentales: saber si lo estamos haciendo lo mejor posible, determinar el esfuerzo necesario para asegurar la calidad y establecer un proceso de estimaciones científico.

La primera es no creer que desarrollas software mejor que el mercado, que desarrollas mejor que los demás con soberbia y con altanería, como en el cuento de “El traje nuevo del emperador” presumiendo con su nuevo traje que no existía. Tú, con equipos de desarrollo propios, como tus proveedores en un modelo de outsourcing. Para ello se debería realizar un benchmarking, tomar el valor de lo que hace el equipo de desarrollo, de lo que desarrolla y compararlo con el mercado. Se debería ver si, realmente son tan buenos como parece o se tendría que comprobar donde está aquello que está causando tantos costes.

La segunda sería no confiar en que el proceso de pruebas de software se está llevando correctamente “porque yo lo creo” “porque tengo la sensación” acuérdate de las cirugías que no funcionaban. Pon al frente de tus pruebas una oficina que te dé estimaciones de lo que tienes que esperar según el mercado, lo que puedes y debes encontrar en cuanto a calidad, defectos, test y esfuerzo necesario.

La tercera es “cientifiquear” tu proceso de estimaciones. ¿Qué significa esto? Estandarizarlo, simplificarlo, globalizarlo, dotarlo de la inteligencia del mercado adaptada a tu caso, particularizado, para que con un método reconocido en la industria seas capaz de evitar los errores que se convierten en costes añadidos en cada desarrollo. ¿Cómo? Con aplicaciones como Quanter.

Be agile, be Quanter my friend!

Julián Gómez Bejarano, Chief Digital Officer LEDAmc

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