¿Qué entendemos por vacaciones? Cuando hablamos de ellas no solo cabe tener en cuenta el periodo vacacional propiamente dicho. Bien sabemos la importancia del antes y después del mismo. Es decir, no hay que perder de vista esos días previos a los días de vacaciones ya que si hacemos un pequeño repaso en años anteriores, los momentos de antes son en los que más agotados, despistados y estresados nos encontramos. La presión de dejar todo cerrado antes de nuestra marcha, así como las altas expectativas puestas en ellas son las que nos generan un estrés añadido que no solo nos afectan los días previos sino también a los días de descanso y cómo nos recuperemos de ellas una vez volvamos a nuestro puesto de trabajo.

Por otro lado, durante este periodo realizamos un exceso de actividades que implican una dificultad a la hora de conseguir el objetivo principal: el descanso. Además, obtendremos una frustración añadida por no haber hecho todo lo propuesto, (hay personas que organizan un viaje sobre el papel planificando 50 visitas turísticas en tres días y al llevarlo a la práctica se dan cuenta de que es inviable). Es como si tuviéramos tan solo en nuestras manos un pequeño periodo de tiempo para hacer todo aquello que deseamos. Además, somos seres que vivimos bajo el yugo de los horarios a lo largo del año y cuando por fin no tenemos que depender de ellos parece como si tuviéramos el síndrome de Estocolmo y los necesitáramos. Es como si un enorme sentimiento de vacío nos invadiera.

A esto le podemos añadir que para determinadas personas estar conviviendo las 24 horas con la familia puede ser otro foco de estrés, por la incapacidad de gestionar adecuadamente las relaciones de convivencia durante esos días. Hay trabajadores que verbalizan que para ellos el verdadero descanso está en su jornada laboral (como único momento de olvidarse de una fuente de estrés como son los niños, la pareja o las tareas de la casa)

Cuando terminan                                                                                                           

¿Y…qué pasa cuando acaban? Cuando quizás estemos hechos a otro ritmo contario al resto del año… ¡toca volver al trabajo! Y de nuevo a esperar otro año más para las vacaciones. Los días posteriores a la incorporación podemos notar alteración en el sueño y en la alimentación, cambios bruscos en las actividades, (pasar de ir todos los días a la piscina, a no ir ninguno por ejemplo, ni siquiera el fin de semana), por no mencionar la evaluación negativa que realizan aquellas personas que creen que no han aprovechado lo suficiente y que deberían haber disfrutado más o haber hecho más actividades (visitar amigos, salir más, hacer más turismo, etc.)

¿Realmente es lo que se espera al regreso de los días de descanso? ¿Tantos meses esperando para esto? ¿Entonces, qué deberían ser realmente las vacaciones?

A tener en cuenta

Empecemos por aclarar ideas: el entender el período vacacional como la salvación de una circunstancia insoportable, del agotamiento y estrés mantenidos a lo largo del año, nos impedirá, casi con toda seguridad, disfrutar de ese tiempo plenamente, llegando al día de la reincorporación sumamente deteriorados y tristes ya que añadimos una presión inmensa y una autoexigencia en nosotros mismos.

No se trata de un tiempo para resolver problemas y dificultades no resueltos a lo largo del año, ni existe el deber de ser permanentemente felices, realizar actividades extraordinarias, triunfar personal y socialmente, convertirnos en personas que nos somos… La “única” obligación que tenemos es la de descansar y conseguir relajarnos física y mentalmente, recuperando la energía y fuerza suficiente para afrontar eficazmente la actividad del día a día.

Además de ser un derecho, es algo que nos debemos a nosotros mismos, con el objetivo de promover nuestro propio equilibrio emocional. Puede que hayamos pasado unos meses con mayor o menor equilibrio en el trabajo, pero ha llegado el momento de tomar las riendas.

¿Qué nos puede ayudar para convertir nuestras vacaciones en lo que verdaderamente deberían ser? Algunas pautas que nos pueden ayudar:

– Distribuir las actividades de ocio y tiempo libre a lo largo de todo el año porque haciendo esto cambiamos automáticamente la definición de vacaciones. Estas son la ausencia de trabajo y nada más, teniendo además en cuenta los fines de semana o días libres del trabajador para poder aprovechar ese descanso todas las semanas del año. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. No aplaces actividades placenteras únicamente para el tiempo vacacional; también se pueden hacer fuera del horario de trabajo.

– No sobresaturar el periodo de vacaciones de actividades y de horarios rígidos que nos implique un estrés por un exceso de actividades pautadas.

– Céntrate en el aquí y ahora. No anticipes ni te recrees en el recuerdo, angustiándote por el momento de la vuelta y por aquellas tareas que quedaron pendientes. Si tienes un trato fuera del trabajo con tus compañeros evitar hablar de trabajo. Si es imprescindible que estés pendiente del correo o del móvil de empresa, aprende a organizarte y no dejes que invada todo tu tiempo de ocio. Quizás puedas reservarte un momento del día para atender las llamadas o emails. Date tiempo tanto durante las vacaciones como en el periodo postvacacional para adaptarte al momento que te toca vivir. Mente y cuerpo necesitan encajar los nuevos ritmos de actividades y horarios.

– Concédete un espacio y un tiempo para ti mismo. Aprovecha para reflexionar y desconectar en algún momento de las personas que te acompañen.

Decía John Steinbeck “El arte del descanso es una parte del arte de trabajar “

Sara Maroto Estabiel y Elena Sánchez Escobar

Psicólogas del Centro de Escucha Psicológica.

Psya Asistencia

 

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